Para mis largas tardes de mamá-acompaña-nenas-a-la-piscina he elegido algunos libros a los que quería hincarle el diente hace milenios. Uno de ellos, "Viajes con Heródoto" de Ryszard Kapuscinski. En esa lectura encandilada, por alguna razón extraña (comprensible por el lugar en el que me encontraba), perdí un párrafo genial. Esta mañana, en la parada de autobús, volví unas hojas atrás y lo descubrí. Ahora lo comparto:
K. describe cómo podría sido la infancia de Heródoto. Su libro "Historia" le fue regalado por la redactora del periódico que le dio la oportunidad de partir hacia el extranjero, su gran sueño. Escribe:
"De manera que Heródoto era un griego de los confines y, además, un mestizo. Personas como él crecen entre varias culturas y por sus venas corre una sangre mixtra. Su cosmovisión se compone de nociones tales como: tierra de frontera, distancia, otredad, diversidad. Hallamos entre ellas una tipología de lo más variada. Desde sectarios fanáticos y rabiosos, pasando por provincianos pasivos y apáticos, hasta zascandiles inquietos, abiertos y receptivos, ciudadanos del mundo. Dependiendo de la mezcla de sangre que lleven en su interior y de los espíritus que en ella anidaron"...
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