Mientras escribo ésto, mi otra yo lleva las manos llenas de óleo. Está pintando un cuadro. Supongo que después de decenios será una pintora de éxito y que está realizada al saber que los pinceles siempre fueron la extensión de sus dedos y que los colores y formas tienen reservada una parte importante de su cerebro. Mientras, la yo arquitecta tiene también una carga de experiencia remarcable y seguramente ha cambiado tanto de casa intentando buscar la perfecta, que ahora no encuentra el cuchillo para la mantequilla o esos jabones negros de manos de un olor peculiar imprescindible. Salvo ese sutil y momentáneo desorden, piensa que cada cosa está diseñada con un objetivo claro y concreto y que esa nueva casa es el continente que la abarca de forma precisa. Vive en la actual Rusia y cuando camina por la Plaza Roja y pasea por el GUM se pregunta con qué alfabetos conjugaría los verbos que le dan vida, si no hubiera sido... La que terminó ingeniería civil recién encuentra ahora un poco de paz en su vida y puede marcharse a construir los puentes que ideaba levantar desde niña. Ahora que sus hijos son mayores y se bastan solos, casco y botas, viaja y viaja. Ahora, está en Dubai... La que se especializó en entomología, todavía no es feliz porque no ha encontrado el insecto que lleve su nombre, pero lo busca con ahínco y sabe que no morirá sin conseguirlo. La clave la tiene el escarabajo verde-azul que encontró ayer en una esquina de la amazonía... La técnico agrícola tuvo que retomar su carrera cuando retornó de Cuba, pues le supo a poco. Anda por ahí intentando sacar adelante unos cultivos en una zona perdida del Beni, pero como no encuentra trabajadores que la secunden en su entusiasmo, no se da por perdida y trabaja de sol a sol... La bróker decidió marcharse a Nueva York porque la Bolsa allá se escribe con mayúsculas. Últimamente, ha bajado de peso con la crisis y ha arrasado sus uñas. Pero resiste... La profesora de universidad, que a estas alturas tiene más conchas que un galápago, sigue con la misma energía que cuando daba clases de Historia de la Economía, aunque se ha paseado casi por todo el pénsum universitario. De forma voluntaria pues no quería entrar en el runrun mecánico que la dejara muerta en vida. No se ha casado pero tiene unos sobrinos a los que adora... La radialista aún trabaja para los jesuitas porque no se animó a meterles un juicio laboral, aún a sabiendas de que lo iba a ganar. Gracias a eso, a ese silencio momentaneo, tiene voz propia aunque sin rostro. Pero cuando la gente la escucha en las ondas, la reconoce enseguida, pues destila una bronca finita contra todos los tipos de injusticias y se pone en la piel de cada uno de sus oyentes, porque su oficio viene de eso, de una injusticia. Es odiada y querida a partes iguales... Está también la que vive en La Paz, convertida en una suerte de palimpsesto incapaz de creer en nadie. Intentó meterse en política pero salió escaldada y ahora anda por ahí trabajando, creo, de consultora...
Los científicos dicen que cada una de las decisiones que tomamos genera un yo paralelo que continúa el otro plan, el plan B, en un mundo también paralelo. Revisando a mis gemelas creo que me gustaría vivir cada una de estas vidas despreciadas. Seguramente le pondría el mismo entusiasmo que he practicado en todo lo que he realizado en esta vida. Pero cuando paseo por estos cruces de caminos, indudablemente la que me causa la mayor nostalgia es aquella adolescente, entre tímida e insegura, que quiso ser pintora y que supo vencer el río revuelto que le vino encima cuando dijo lo que quería ser y pensó, las matemáticas están bien, son fáciles para mí, pero yo quiero ser artista. Sí, me quedo con esa... Definitivamente. Y le deseo, si es que aún vive, la mejor de las suertes. Aunque me da que no le hace ninguna falta, porque hace lo que siempre quiso hacer y en ello radica su éxito...
La pluma vietnamita
19.3.12
12.3.12
Caza al hombre...
Aún cuando le rompieron el fémur, el desdichado se negó a hablar. Duraría un tiempo más sin decir palabra, hasta que lo amenazaron con romperle la otra pierna. Y habló, claro que habló y a quien lo critique le preguntaría con qué quiere que le rompa la suya, con una barra metálica o con la bota. A partir de esta confesión, ya todo el pescado estaba vendido y la toma de la casa en la cual estaban sus compañeros, de lucha, de utopías y de cuantas cosas se pueda inventar el ser humano, era cuestión de horas. Así fue. A las 6 de la mañana, un pequeño ejército conformado por la policía y la PM y dirigidos por el mismísimo ministro del interior que había ido sin lavarse la cara, porque la operación le tomó por sorpresa, y que iba acompañado por su viceministro. Ambos, cruceños de pura cepa. En esta batalla, murió el secuestrado y fueron acribillados a balazos, desarmados y después de haberse rendido, tres de los secuestradores que intentaban huir por la casa de al lado. Era 1990 y al día siguiente, los titulares conmocionaron a toda la población, salvo a los vinculados al gobierno de turno que aplaudieron el haber resuelto el problema que les traía de cabeza.
Años después, se cambiaron las tornas y los que estaban gobernando pasaron a la oposición y viceversa. Y ocurrió más de lo mismo, esta vez en un céntrico hotel de la ciudad de Santa Cruz. Los acribillados, esta vez, no eran militantes guerrilleros de izquierda, "supuestamente", y digo supuestamente porque me llama la atención que uno de ellos fuera pro-palestino, eran de un movimiento de ultra derecha dispuesto a luchar contra el gobierno de turno. El resultado fue el mismo. Y si revisamos las hemerotecas, encontraremos los paralelismos entre las declaraciones de ambos gobiernos. Ambos querían salvar al país de la amenaza de una guerra civil, del terrorismo. Los estados, que tienden al mismo punto.
¿Por qué retomo el tema? Porque me está gustando esto de debatir en los foros de facebook. Ahora facebook se ha convertido en una especie de "Ágora" en la que los ciudadanos de a pie nos damos el lujo de debatir y exponer nuestras ideas. Pues, estuve en un par de foros cruzados, en uno, el tema de discusión era el que uno de los protagonistas del hotel de Santa Cruz, de nombre Rosza fue presuntamente torturado y en el otro, se discutía sobre si era lícito que Israel bombardeara Gaza sólo con la intención de matar a un dirigente palestino. Confieso que, por un momento, me desalentó. Una de las entradas -de una mujer con la cual, seguramente, tendré muchos puntos en común en otros temas- justificaba el ajusticiamiento de Rosza dado que era un pederasta en su país (?!) y que la policía (sobre todo la policía boliviana, tan limpia y pura ella) nos habría librado de ello. En el otro debate, el del líder de los comités de defensa popular palestinos, que fue largamente argumentado, una persona a la que aprecio mucho me dijo "¿Qué querías, que lo invitaran a tomar tecito?" Hasta ahí, todo bien, pero da la casualidad que esta persona, en el otro foro estaba defendiendo los derechos humanos a capa y espada y el que criticaba a los israelíes está contratado por el gobierno boliviano y no dijo ni mu cuando ocurrió lo del hotel. Léase: respeto a los derechos humanos, cuando son los de mi ideología. La universalidad se puede ir por el fregadero.
Somos relativos y nuestras costuras de civilización saltan a la primera. Interesaría cruzar las declaraciones de los gobiernos y de los luchadores por la libertad, la independencia, la revolución, el socialismo, la democracia, el territorio, etcétera, a lo largo de los últimos años. Nos sorprendería encontrar que, despojados de su ideología, utilizan los mismos argumentos. Lo que dice Fidel, Putin, Chávez, Uribe, Pinochet, Netanyahu, Masera... y lo que dijeron los movimientos desde Irlanda, pasando por cualquier país africando, asentándose en la guerrilla del Che y aterrizando en Rosza, son casi calcados. Y en el medio, nosotrxs, los ciudadanos que recibimos la información que nos entra por todos los costados y que nos damos el gusto de opinar sin mojarnos y que, a veces, cometemos el desliz de decir "¡Qué bueno! Un asesino menos", como me pasó cuando mataron a Bin Laden y una amiga me hizo notar que fue ajusticiado y me rehice. Lo mismo me pasó con el vídeo Kony 2012, que pide una intervención militar para atrapar al asesino en serie, que los apoyé y vino un amigo inglés a aclararme sus reales objetivos. Es decir, a veces suelo ser justificar el asesinato a mansalva de los considerados malos malosos, pero entonces me doy cuenta que si sigo en esa línea debería apoyar los linchamientos, la justicia comunitaria y al gobierno de Israel. Ya puestos...
Creo que el Juicio de Nuremberg nos marcó la pauta a seguir. Aquellos grandes asesinos, que condenaron a millones de personas al exterminio fueron juzgadas en un juicio justo, haciendo valer aquello de que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Debería encender nuestras alarmas el que nos encontremos apoyando la conculcación de los derechos de cualquier ciudadanx del mundo puesto que mañana pueden ser los nuestros. Y a mí me consolaría saber que hubo al menos una persona que creyó en mi inocencia, dentro de toda la manipulación de la que podemos ser objeto con tal de privarnos nuestra humanidad.
Porque si quitamos la pátina de los discursos de izquierda o derecha, quedan los sucesos desnudos y, a decir verdad, todos se parecen. Finalmente, la pátina, al ser tan fina, es superficial y despreciable.
Años después, se cambiaron las tornas y los que estaban gobernando pasaron a la oposición y viceversa. Y ocurrió más de lo mismo, esta vez en un céntrico hotel de la ciudad de Santa Cruz. Los acribillados, esta vez, no eran militantes guerrilleros de izquierda, "supuestamente", y digo supuestamente porque me llama la atención que uno de ellos fuera pro-palestino, eran de un movimiento de ultra derecha dispuesto a luchar contra el gobierno de turno. El resultado fue el mismo. Y si revisamos las hemerotecas, encontraremos los paralelismos entre las declaraciones de ambos gobiernos. Ambos querían salvar al país de la amenaza de una guerra civil, del terrorismo. Los estados, que tienden al mismo punto.
¿Por qué retomo el tema? Porque me está gustando esto de debatir en los foros de facebook. Ahora facebook se ha convertido en una especie de "Ágora" en la que los ciudadanos de a pie nos damos el lujo de debatir y exponer nuestras ideas. Pues, estuve en un par de foros cruzados, en uno, el tema de discusión era el que uno de los protagonistas del hotel de Santa Cruz, de nombre Rosza fue presuntamente torturado y en el otro, se discutía sobre si era lícito que Israel bombardeara Gaza sólo con la intención de matar a un dirigente palestino. Confieso que, por un momento, me desalentó. Una de las entradas -de una mujer con la cual, seguramente, tendré muchos puntos en común en otros temas- justificaba el ajusticiamiento de Rosza dado que era un pederasta en su país (?!) y que la policía (sobre todo la policía boliviana, tan limpia y pura ella) nos habría librado de ello. En el otro debate, el del líder de los comités de defensa popular palestinos, que fue largamente argumentado, una persona a la que aprecio mucho me dijo "¿Qué querías, que lo invitaran a tomar tecito?" Hasta ahí, todo bien, pero da la casualidad que esta persona, en el otro foro estaba defendiendo los derechos humanos a capa y espada y el que criticaba a los israelíes está contratado por el gobierno boliviano y no dijo ni mu cuando ocurrió lo del hotel. Léase: respeto a los derechos humanos, cuando son los de mi ideología. La universalidad se puede ir por el fregadero.
Somos relativos y nuestras costuras de civilización saltan a la primera. Interesaría cruzar las declaraciones de los gobiernos y de los luchadores por la libertad, la independencia, la revolución, el socialismo, la democracia, el territorio, etcétera, a lo largo de los últimos años. Nos sorprendería encontrar que, despojados de su ideología, utilizan los mismos argumentos. Lo que dice Fidel, Putin, Chávez, Uribe, Pinochet, Netanyahu, Masera... y lo que dijeron los movimientos desde Irlanda, pasando por cualquier país africando, asentándose en la guerrilla del Che y aterrizando en Rosza, son casi calcados. Y en el medio, nosotrxs, los ciudadanos que recibimos la información que nos entra por todos los costados y que nos damos el gusto de opinar sin mojarnos y que, a veces, cometemos el desliz de decir "¡Qué bueno! Un asesino menos", como me pasó cuando mataron a Bin Laden y una amiga me hizo notar que fue ajusticiado y me rehice. Lo mismo me pasó con el vídeo Kony 2012, que pide una intervención militar para atrapar al asesino en serie, que los apoyé y vino un amigo inglés a aclararme sus reales objetivos. Es decir, a veces suelo ser justificar el asesinato a mansalva de los considerados malos malosos, pero entonces me doy cuenta que si sigo en esa línea debería apoyar los linchamientos, la justicia comunitaria y al gobierno de Israel. Ya puestos...
Creo que el Juicio de Nuremberg nos marcó la pauta a seguir. Aquellos grandes asesinos, que condenaron a millones de personas al exterminio fueron juzgadas en un juicio justo, haciendo valer aquello de que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Debería encender nuestras alarmas el que nos encontremos apoyando la conculcación de los derechos de cualquier ciudadanx del mundo puesto que mañana pueden ser los nuestros. Y a mí me consolaría saber que hubo al menos una persona que creyó en mi inocencia, dentro de toda la manipulación de la que podemos ser objeto con tal de privarnos nuestra humanidad.
Porque si quitamos la pátina de los discursos de izquierda o derecha, quedan los sucesos desnudos y, a decir verdad, todos se parecen. Finalmente, la pátina, al ser tan fina, es superficial y despreciable.
26.2.12
Aborto sí/no
Hoy, domingo saldrá la manifestación de los antiabortistas por las calles de Madrid para contrarrestar la de la semana pasada, la que defendía los ingresos de la familia al completo, para distraernos de lo que realmente nos atenaza. Resulta cuando menos curioso que se llame Provida, como si la vida se debiera defender solamente hasta los cuatro meses de gestación. Curioso porque en esta corriente humana estará aquella gente que apoyó la guerra de Irak, es decir, el asesinato a mansalva de cientos de miles de humanos, hechos y derechos. Aquella gente que apoya el que la policía pegue sin contemplaciones a niñxs (otra vez) hechos y derechos. Sí, allí estarán aquellos empresarios -que coinciden con el partido convocante- que cuando una chica va a pedir trabajo, le preguntan si tiene planes de tener hijos y que la despiden cuando se embaraza. Es decir, si defienden el que una mujer siga adelante con su embarazo, deberían apoyarla desde todos los medios a su alcance, en el trabajo, en la escuela, en la sociedad en general. Pero eso no ocurre. Cuando tienes un hijo en España, es como si tuvieras que lidiar con todo el mundo para sacar adelante la cría. Sólo puedes contar con tu familia, si tienes la suerte de tenerla a mano.
Los antiabortistas tienen bien aprendiditos sus argumentos. Para empezar, te dicen que es un ser vivo. Por esa regla de tres, deberíamos hacer una campaña de defensa del espermatozoide, pues en cada eyaculación se pierden dos millones, que es mucho decir. Es que el embrión tiene alma, dicen. ¿Y quién lo ha demostrado? ¿En qué momento ese ser puede ser considerado un bebé? Ni siquiera los médicos le asignan ese nombre, le llaman "producto" y en el mejor de los casos "feto". Y eso hasta que nace. En las primeras semanas, podría pasar por cualquier mamífero, no tiene ni siquiera forma humana. Y en relación al alma, según los budistas ésta entra y sale todo el tiempo. Pero según los católicos... ¡Ah! Los católicos. Es que resulta gracioso que unos señores que nunca han formado una familia, que nunca han criado a un hijo, que no han pasado noches velando por su salud, enseñándoles a caminar, montar en bicicleta, el abecedario, las tablas de multiplicar, las valencias... , vengan a darnos lecciones de maternidad/paternidad. Esos mismos señores que vienen de una iglesia que bendijo los progromos, que no hizo nada cuando supo de la existencia de los campos de exterminio nazi, que protegió a los nazis en su huida de Europa, los mismos que no movieron un dedo en la masacre de los tutsis, los mismos que dan la bendición en los corredores de la muerte, los mismos que acunan en su seno la pederastia (para curarse en salud, un cura dijo que era peor el aborto que la violación, lo será para él, digo yo) y un largo etcétera. Con la bien merecida exclusión de aquellos curas y monjas que arriesgan su vida en la defensa de los pobres, que no entran en esta lista. Pues sí, manda huevos que ellos sean los que encabecen este tipo de marchas. Por eso, no acepto que me den lecciones de moral.
Pero si de moral se trata, me quedo con la defensa de la vida de la mujer, porque es bien sabido que si no es en el marco de la sanidad pública, una mujer que ha tomado esa dificilísima opción, lo hará de cualquier manera. Y justamente, la despenalización del aborto lo único que pretende es quitar el estigma de delincuente a las mujeres, cuidar por su salud y proteger a los médicos que lo hacen. Porque, señores, las mujeres no consideramos un deporte ir a abortar. No he conocido una sola mujer que diga: chicas, este viernes voy a abortar y por la noche a festejar. No, no es así. Es ya una decisión muy dura como para que encima lo hagan en un contorno inseguro. Porque no nos equivoquemos. Antes, en España, cuando el aborto era ilegal las mujeres abortaban. Sí. Y es de hipócritas no reconocerlo. Las pobres, en condiciones de insalubridad y riesgo y las ricas, en Londres. Pues, no seamos hipócritas. Encima, están revisando la "píldora del día después" y la educación sexual en las escuelas. ¡Bien!! Cuando hay más crisis, obligaremos a las adolescentes a tener hijxs. ¿La iglesia los criará? ¿La misma iglesia que ha desahuciado a ocho seropositivos? ¿Esa misma?
Seamos claros... el control del cuerpo de las mujeres siempre ha estado en la agenda del patriarcado. Hasta casi ayer, las mujeres españolas no usaban anticonceptivos, ¡pero si no tenían ni siquiera cuenta en el banco!! Pasaban del control del padre al del marido, con manual incluido. Un manual que es el compendio de la vergüenza y la sinrazón. Llama la atención que en esta involución en la que estamos inmersos vamos para atrás tanto en los derechos de los trabajadores como en los derechos de las mujeres. Ambos, resultado de muchos años de lucha y que se irán por el fregadero de los decretos de este gobierno cavernícola.
Ayer, escuchaba a mi vecina que le gritaba al marido: "¡Media hora! No puedes con los niños ni media hora. ¡Y yo que estoy las 24 horas con ellos!" No me reía de ella porque no me causa gracia el comprobar que nada cambia y que ni siquiera con el siglo XXI los hombres se mojan más en el tema de la progenie. Pero, incluso con el más amoroso de los padres, aquél que se pasa noches enteras cuidando al vástago, que se encarga de todo, también de cambiar pañales, sí, aquél ser excepcional, no llegará al 10 por ciento de su género. Porque reconozcámoslo, la crianza sigue siendo un tema femenino. Pero incluso, aunque existiera ese súpermegapadre nadie me discutirá que quien se lleva el premio de los nueve meses de embarazo, el asco al ajo, el antojo de salchicas "Stege", los dolores del parto, la episiotomía, o lo dolores postcesárea, los pezones mordidos y sangrantes, las noches sin dormir dando el pecho, es exclusivamente nuestro. Hace unos años, una mujer me decía que recordaba que a su parto habían asistido varios estudiantes de la universidad y que a ella le daba vergüenza recordarlo. Yo la miré impertérrita y le dije: ¡Ay, hija! Yo estaba tan concentrada, tan pariendo a pelo (es decir, sin anestesia),controlando la respiración y esperando que todo pasara rápido, que ya podía estar el quinto de infantería, caballos y todo, que no me hubiera importado, es más, ni me hubiera enterado. Porque, señoras, caballeros, niñas y niños, cuando estás pariendo, estás solita, tú y el futuro bebé, y un médico dando instrucciones, completamente aterrorizado, porque comprende que en el parto las mujeres somos candidatas a quedar secas en la camilla del paritorio. Somos las mujeres -y no el marido, el cura, los suegros y demás manifestantes- las que tenemos que enfrentar al jefe con cara de yonofui para contarle que estamos embarazadas, y luego para reivindicar nuestro derecho a darles la teta, a faltar cuando tienen fiebre, a las que nos bajan el salario porque baja la productividad (eso cuando no somos vicepresidentas y decidimos dejar al crío de una semana en manos de nuestros padres). Entonces, ¿qué parte de "nosotras parimos, nosotras decidimos" no han entendido?
Es decir, cada cual puede practicar la religión que le parezca conveniente: musulmana, judía, católica, protestante, budista, si quieres puedes ser laico, ateo o Testigo de Jehová, me da igual. Yo no me meto con tu práctica y tú no te metas conmigo. Creo que el asunto de la religión es tan privado como otras cosas y que debe quedarse en el templo y en la casa y nunca entrar en los parlamentos y en el palacio de gobierno, y jamás infiltrarse en los decretos y leyes. Al menos, no en este siglo.
Y no es que no me gusten los niñxs. El día en que nació cada una de mis hijas, fue el más bello de mi existencia y me he dedicado a ellas con toda la seriedad y el amor que se merecen. Pero es porque fueron esperadas, oportunas y bienamadas, que creo son los requisitos para traer hijos a este mundo. Un mundo que ya viene bestial, como para que encima, sean maltratados, regalados o abandonados.
Yo respeto tanto a la mujer que decide tener 10 hijos, como a la que decide tener sólo dos, o uno, o ninguno. Pero por favor, ¡déjenla decidir a ella!
Los antiabortistas tienen bien aprendiditos sus argumentos. Para empezar, te dicen que es un ser vivo. Por esa regla de tres, deberíamos hacer una campaña de defensa del espermatozoide, pues en cada eyaculación se pierden dos millones, que es mucho decir. Es que el embrión tiene alma, dicen. ¿Y quién lo ha demostrado? ¿En qué momento ese ser puede ser considerado un bebé? Ni siquiera los médicos le asignan ese nombre, le llaman "producto" y en el mejor de los casos "feto". Y eso hasta que nace. En las primeras semanas, podría pasar por cualquier mamífero, no tiene ni siquiera forma humana. Y en relación al alma, según los budistas ésta entra y sale todo el tiempo. Pero según los católicos... ¡Ah! Los católicos. Es que resulta gracioso que unos señores que nunca han formado una familia, que nunca han criado a un hijo, que no han pasado noches velando por su salud, enseñándoles a caminar, montar en bicicleta, el abecedario, las tablas de multiplicar, las valencias... , vengan a darnos lecciones de maternidad/paternidad. Esos mismos señores que vienen de una iglesia que bendijo los progromos, que no hizo nada cuando supo de la existencia de los campos de exterminio nazi, que protegió a los nazis en su huida de Europa, los mismos que no movieron un dedo en la masacre de los tutsis, los mismos que dan la bendición en los corredores de la muerte, los mismos que acunan en su seno la pederastia (para curarse en salud, un cura dijo que era peor el aborto que la violación, lo será para él, digo yo) y un largo etcétera. Con la bien merecida exclusión de aquellos curas y monjas que arriesgan su vida en la defensa de los pobres, que no entran en esta lista. Pues sí, manda huevos que ellos sean los que encabecen este tipo de marchas. Por eso, no acepto que me den lecciones de moral.
Pero si de moral se trata, me quedo con la defensa de la vida de la mujer, porque es bien sabido que si no es en el marco de la sanidad pública, una mujer que ha tomado esa dificilísima opción, lo hará de cualquier manera. Y justamente, la despenalización del aborto lo único que pretende es quitar el estigma de delincuente a las mujeres, cuidar por su salud y proteger a los médicos que lo hacen. Porque, señores, las mujeres no consideramos un deporte ir a abortar. No he conocido una sola mujer que diga: chicas, este viernes voy a abortar y por la noche a festejar. No, no es así. Es ya una decisión muy dura como para que encima lo hagan en un contorno inseguro. Porque no nos equivoquemos. Antes, en España, cuando el aborto era ilegal las mujeres abortaban. Sí. Y es de hipócritas no reconocerlo. Las pobres, en condiciones de insalubridad y riesgo y las ricas, en Londres. Pues, no seamos hipócritas. Encima, están revisando la "píldora del día después" y la educación sexual en las escuelas. ¡Bien!! Cuando hay más crisis, obligaremos a las adolescentes a tener hijxs. ¿La iglesia los criará? ¿La misma iglesia que ha desahuciado a ocho seropositivos? ¿Esa misma?
Seamos claros... el control del cuerpo de las mujeres siempre ha estado en la agenda del patriarcado. Hasta casi ayer, las mujeres españolas no usaban anticonceptivos, ¡pero si no tenían ni siquiera cuenta en el banco!! Pasaban del control del padre al del marido, con manual incluido. Un manual que es el compendio de la vergüenza y la sinrazón. Llama la atención que en esta involución en la que estamos inmersos vamos para atrás tanto en los derechos de los trabajadores como en los derechos de las mujeres. Ambos, resultado de muchos años de lucha y que se irán por el fregadero de los decretos de este gobierno cavernícola.
Ayer, escuchaba a mi vecina que le gritaba al marido: "¡Media hora! No puedes con los niños ni media hora. ¡Y yo que estoy las 24 horas con ellos!" No me reía de ella porque no me causa gracia el comprobar que nada cambia y que ni siquiera con el siglo XXI los hombres se mojan más en el tema de la progenie. Pero, incluso con el más amoroso de los padres, aquél que se pasa noches enteras cuidando al vástago, que se encarga de todo, también de cambiar pañales, sí, aquél ser excepcional, no llegará al 10 por ciento de su género. Porque reconozcámoslo, la crianza sigue siendo un tema femenino. Pero incluso, aunque existiera ese súpermegapadre nadie me discutirá que quien se lleva el premio de los nueve meses de embarazo, el asco al ajo, el antojo de salchicas "Stege", los dolores del parto, la episiotomía, o lo dolores postcesárea, los pezones mordidos y sangrantes, las noches sin dormir dando el pecho, es exclusivamente nuestro. Hace unos años, una mujer me decía que recordaba que a su parto habían asistido varios estudiantes de la universidad y que a ella le daba vergüenza recordarlo. Yo la miré impertérrita y le dije: ¡Ay, hija! Yo estaba tan concentrada, tan pariendo a pelo (es decir, sin anestesia),controlando la respiración y esperando que todo pasara rápido, que ya podía estar el quinto de infantería, caballos y todo, que no me hubiera importado, es más, ni me hubiera enterado. Porque, señoras, caballeros, niñas y niños, cuando estás pariendo, estás solita, tú y el futuro bebé, y un médico dando instrucciones, completamente aterrorizado, porque comprende que en el parto las mujeres somos candidatas a quedar secas en la camilla del paritorio. Somos las mujeres -y no el marido, el cura, los suegros y demás manifestantes- las que tenemos que enfrentar al jefe con cara de yonofui para contarle que estamos embarazadas, y luego para reivindicar nuestro derecho a darles la teta, a faltar cuando tienen fiebre, a las que nos bajan el salario porque baja la productividad (eso cuando no somos vicepresidentas y decidimos dejar al crío de una semana en manos de nuestros padres). Entonces, ¿qué parte de "nosotras parimos, nosotras decidimos" no han entendido?
Es decir, cada cual puede practicar la religión que le parezca conveniente: musulmana, judía, católica, protestante, budista, si quieres puedes ser laico, ateo o Testigo de Jehová, me da igual. Yo no me meto con tu práctica y tú no te metas conmigo. Creo que el asunto de la religión es tan privado como otras cosas y que debe quedarse en el templo y en la casa y nunca entrar en los parlamentos y en el palacio de gobierno, y jamás infiltrarse en los decretos y leyes. Al menos, no en este siglo.
Y no es que no me gusten los niñxs. El día en que nació cada una de mis hijas, fue el más bello de mi existencia y me he dedicado a ellas con toda la seriedad y el amor que se merecen. Pero es porque fueron esperadas, oportunas y bienamadas, que creo son los requisitos para traer hijos a este mundo. Un mundo que ya viene bestial, como para que encima, sean maltratados, regalados o abandonados.
Yo respeto tanto a la mujer que decide tener 10 hijos, como a la que decide tener sólo dos, o uno, o ninguno. Pero por favor, ¡déjenla decidir a ella!
18.2.12
Humor zafio de macho sublimizado (fue publicado en Los Tiempos, Revista Piedra Libre y Semanario Uno)
Gregorio Morán en sus Sabatinas Intempestivas recoge la siguiente frase de Ortega y Gasset: un país sin opinión pública está condenado a la mediocridad, y como no quiero ser corresponsable de la mediocridad, aquí voy. Con Morán, declaro mi día orteguiano y voy a lo que voy, y confieso que me han resultado repulsivas las coplas carnavaleras del presidente Evo Morales y su cohorte de ministros, realizadas en la misma Plaza Murillo, al son de la música tradicional, y rodeados de cholitas y sobre todo, de "misses". Estas últimas le dan aún más continente al asunto. Por la mitad de lo que han dicho estas gentes, las mismas feministas de las que espero una réplica, a Goni o Carlos Mesa los hubieran colgado de los cataplines de un árbol de esta histórica plaza, y hubieran hecho bien.
Me dirán que el carnaval aguanta todo y que finalmente sólo son chistes, pero yo pienso que decir lo que se piensa en forma de chiste es mucho más dañino que un insulto porque rebaja al otro a la nulidad de la respuesta pues puede ser considerado un aguafiestas o un aburrido, o alguien falto de humor. Por lo que el objeto de chiste tiene que aceptar que se rían a costa de él sin rechistar. Es sabido que a los hombres les gustan los chistes fáciles sobre las mujeres y que éstos abundan en internet, junto a la misma cantidad de chistes feministas a costa de los hombres, pero hete aquí que esa falta de elegancia en ridiculizar a la mitad de la población tiene un plus añadido de zafiedad cuando se trata de un presidente de una república. En los países normalizados, que los hay, cualquier chiste de esos le hubiera valido el cargo, desde un ministro a un concejal. No en Bolivia, ese país pequeñito, excepción de excepciones, en el que todo lo inconcebible puede ocurrir y a lo que hay que aplaudir porque se trata de Bolivia.
Si la titular del Ministerio de la Transparencia se atreve con zafiedades tales como:“!Ay¡ la Jessiquita muy solita está, porque el Alvarito cambió de canal” / “Nuestro presidente bien pícaro es, solo quiere a una y se come a tres” / “Nuestro presidente bien mujeriego es, cambia de chica en un dos por tres” / "El Manfred se queja de persecusión, yo sólo le digo: pobre maricón" / “Vice, vice, vice, no me caso dices; sin embargo dejas a todas tus misses” / “De su matrimonio el vice se escapa, sin embargo el presi, bien que lo socapa” / "El vice contento porque la Claudita, no podrá sacarle ninguna canita" / "Son como niños los de oposición, hacen su berrinche si le dices: no" / "Señor Presidente sea transparente, cuente sus amores y sus pormenores" / "Vicepresidente, la Claudia le miente, quiere matrimonio y no sólo novio, así de pololo pasará a Pocholo" . (?!?!) Es decir, poner en solfa que el presidente se las da de macho pasándose por la entrepierna a cuanta mujer se atraviesa por su lado, para mí no tiene gracia, es que no le pillo ninguna. O sea, ¿hay que enorgullecerse de este tío por eso? Luego las referencias a Manfred, ¿¿insultándolo de "maricón"?? Sólo evidencian que vamos para atrás, como el cangrejo. No voy a defender a Manfred, ni me importa, sólo me importa las connotaciones del insulto, que ridiculizan la opción sexual de un buen grupo de personas, que se merecen respeto por ser personas, independientemente de sus elecciones. Ignorantes. Ahora entiendo por qué fui robada por la mismísima policía anticorrupción. Con estos funcionarios, ya nada me extraña.
Pero la respuesta de Morales es más florida: “Esta Nardy Suxo bien buenita es, lo malo que tiene bien viejita es” / “Ahora las ministras van por los balcones, pidiendo limosna para sus calzones” / “Bartolinas Sisas tienen mucha fama, por eso las llevo directo a mi cama” / “Soy soy presidente y me llamo Evo, por eso yo quiero un palacio nuevo” / “Este presidente, de buen corazón, a todas las ministras les quita el calzón” / “Ministro Quintana es un diablito, se jala el guatito y mueve el culito” / “Yo quiero Nardita, como dice el dicho, casarme contigo, solo por capricho” / "Rebeca Delgado, baila reggaetón, tanto traqueteo perdió su calzón". La joya de la corona, ¡vaya! Qué pasa, ¿tenemos un calentorro por presidente? ¿Alguien incapaz de mantener su "cosita" dentro del pantalón pretenderá darnos lecciones de moral y de ética? Y ¿qué dicen las Bartolinas? ¿También lo consideran un chiste? ¿Es que Morales tiene obsesión por los calzones (léase bragas, blumers o bombachas) de las ministras? Es que lo ocurrido es bastante fuerte y las inferencias de esto pueden ser políticas y a largo plazo. Porque sublimizar las capacidades amatorias de un presidente sólo nos pone al nivel de la caverna, no más lejos.
No señores, la broma zafia no es un asunto sólo formal. El lenguaje no es baladí, es revelador de que, en esencia, todas las "presuntas" políticas de género de este gobierno eran, nomás, un maquillaje casual borrado con los mismos "calzones" que tanto encantan a Morales y que quedaron abandonados bajo su cama.
Qué lamentable me resulta luchar contra la derecha, en España y, en Bolivia, que se repitan los mismos argumentos y la misma liviandad mal intencionada, pero esta vez procedente de la supuesta izquierda.
No es más que la comprobación de que los machos orbi et orbi se juntan, se solapan, se jalean y se ríen al unísono... ¡Qué pena me da!
Me dirán que el carnaval aguanta todo y que finalmente sólo son chistes, pero yo pienso que decir lo que se piensa en forma de chiste es mucho más dañino que un insulto porque rebaja al otro a la nulidad de la respuesta pues puede ser considerado un aguafiestas o un aburrido, o alguien falto de humor. Por lo que el objeto de chiste tiene que aceptar que se rían a costa de él sin rechistar. Es sabido que a los hombres les gustan los chistes fáciles sobre las mujeres y que éstos abundan en internet, junto a la misma cantidad de chistes feministas a costa de los hombres, pero hete aquí que esa falta de elegancia en ridiculizar a la mitad de la población tiene un plus añadido de zafiedad cuando se trata de un presidente de una república. En los países normalizados, que los hay, cualquier chiste de esos le hubiera valido el cargo, desde un ministro a un concejal. No en Bolivia, ese país pequeñito, excepción de excepciones, en el que todo lo inconcebible puede ocurrir y a lo que hay que aplaudir porque se trata de Bolivia.
Si la titular del Ministerio de la Transparencia se atreve con zafiedades tales como:“!Ay¡ la Jessiquita muy solita está, porque el Alvarito cambió de canal” / “Nuestro presidente bien pícaro es, solo quiere a una y se come a tres” / “Nuestro presidente bien mujeriego es, cambia de chica en un dos por tres” / "El Manfred se queja de persecusión, yo sólo le digo: pobre maricón" / “Vice, vice, vice, no me caso dices; sin embargo dejas a todas tus misses” / “De su matrimonio el vice se escapa, sin embargo el presi, bien que lo socapa” / "El vice contento porque la Claudita, no podrá sacarle ninguna canita" / "Son como niños los de oposición, hacen su berrinche si le dices: no" / "Señor Presidente sea transparente, cuente sus amores y sus pormenores" / "Vicepresidente, la Claudia le miente, quiere matrimonio y no sólo novio, así de pololo pasará a Pocholo" . (?!?!) Es decir, poner en solfa que el presidente se las da de macho pasándose por la entrepierna a cuanta mujer se atraviesa por su lado, para mí no tiene gracia, es que no le pillo ninguna. O sea, ¿hay que enorgullecerse de este tío por eso? Luego las referencias a Manfred, ¿¿insultándolo de "maricón"?? Sólo evidencian que vamos para atrás, como el cangrejo. No voy a defender a Manfred, ni me importa, sólo me importa las connotaciones del insulto, que ridiculizan la opción sexual de un buen grupo de personas, que se merecen respeto por ser personas, independientemente de sus elecciones. Ignorantes. Ahora entiendo por qué fui robada por la mismísima policía anticorrupción. Con estos funcionarios, ya nada me extraña.
Pero la respuesta de Morales es más florida: “Esta Nardy Suxo bien buenita es, lo malo que tiene bien viejita es” / “Ahora las ministras van por los balcones, pidiendo limosna para sus calzones” / “Bartolinas Sisas tienen mucha fama, por eso las llevo directo a mi cama” / “Soy soy presidente y me llamo Evo, por eso yo quiero un palacio nuevo” / “Este presidente, de buen corazón, a todas las ministras les quita el calzón” / “Ministro Quintana es un diablito, se jala el guatito y mueve el culito” / “Yo quiero Nardita, como dice el dicho, casarme contigo, solo por capricho” / "Rebeca Delgado, baila reggaetón, tanto traqueteo perdió su calzón". La joya de la corona, ¡vaya! Qué pasa, ¿tenemos un calentorro por presidente? ¿Alguien incapaz de mantener su "cosita" dentro del pantalón pretenderá darnos lecciones de moral y de ética? Y ¿qué dicen las Bartolinas? ¿También lo consideran un chiste? ¿Es que Morales tiene obsesión por los calzones (léase bragas, blumers o bombachas) de las ministras? Es que lo ocurrido es bastante fuerte y las inferencias de esto pueden ser políticas y a largo plazo. Porque sublimizar las capacidades amatorias de un presidente sólo nos pone al nivel de la caverna, no más lejos.
No señores, la broma zafia no es un asunto sólo formal. El lenguaje no es baladí, es revelador de que, en esencia, todas las "presuntas" políticas de género de este gobierno eran, nomás, un maquillaje casual borrado con los mismos "calzones" que tanto encantan a Morales y que quedaron abandonados bajo su cama.
Qué lamentable me resulta luchar contra la derecha, en España y, en Bolivia, que se repitan los mismos argumentos y la misma liviandad mal intencionada, pero esta vez procedente de la supuesta izquierda.
No es más que la comprobación de que los machos orbi et orbi se juntan, se solapan, se jalean y se ríen al unísono... ¡Qué pena me da!
12.2.12
Gracias, Whitney...
Como me vio bajita de forma -léase tristísima-, mi amigo Coco Pinelo me invitó a ver "El Guardespaldas". Y, hete ahí, que el portento de voz de la Whitney comenzó a filtrarse por mi piel, ingresar hasta la última capa, subirse a mis glóbulos rojos y blancos, viajar montados en ellos, invadir cada uno de los recodos de mi cuerpo para cruzar las paredes celulares e instalarse entre ribosomas y mitocondrias. Fue cuando mi cerebro me autorizó a llorar, en aquella sala oscura, con el pretexto de la pueril historia que se reflejaba en el écran de la pared, interpretado por la indomable Whitney y el a veces inexpresivo Kevin Costner.
En realidad, lloraba por Eduardo. Mi amado amigo Eduardo Roca, al cual acababan de encontrar cadáver en una montaña cruceña llamada Amboró.
Yo había conocido a Edu de forma casual. Trabajaba con Jorge, su hermano, en una institución de entonces y se podría decir que nos habíamos caído de lo más bien. Pero un día, me crucé con él en el ascensor y no me saludó, ni siquiera me miró, lo cual me molestó mucho y se lo dije más tarde en el trabajo me ha caído muy mal que no me saludaras, le dije. Y él me aclaró que yo me había cruzado con su hermano gemelo. Pensé que era una buena excusa hasta que los vi juntos. Eran idénticos: rubitos, de ojitos pequeños y verdes, no muy altos y delgaditos, de sonrisa tenue y sincera. Los cinco años que compartimos en Cuba hicieron que supiera identificarlos a la perfección y que aprendiera a quererlos de forma diferenciada. Eran como mis hermanos y como además compartíamos territorio siempre tratábamos de andar juntos. Con ellos viví muchas aventuras universitarias y con Jorge habíamos subido al Pico Turquino, que sería la sugerencia del desenlace.
Cuando volvimos a Bolivia yo les planteé un próximo objetivo, el Amboró, y que iríamos juntos. Pero no me hicieron caso y se fueron con otros boys scouts como ellos. Edu se alejó con dos muchachos a explorar el bosque, pero llovió y todas las señales desaparecieron y ellos se perdieron. Estuvieron caminado sin rumbo durante mucho tiempo hasta que llegaron a un río (por eso que se dice de que los ríos siempre conducen a pueblos). Pero arribaron a la parte superior de una cascada. Entonces, con esa solidaridad que caracterizaba siempre a mi amigo, se ofreció en ir a buscar ayuda, bajando por las rocas y ayudado por las lianas. Se rompió la liana y se cayó por primera vez, pero se levantó y les aclaró que estaba bien. Ellos, confiados, se despidieron de él y se dispusieron a esperar su regreso. En el siguiente nivel se volvió a caer pero con peor suerte y allí cerró su historia, algo que los otros se enterarían sólo al llegar el salvamento, 15 días después, un salvamento empujado por la desesperada madre de mis amigos.
Todavía guardo el periódico donde se publicaba tan aciaga noticia. En él se ve a Pilar, la madre, el momento de la llegada del helicóptero con el cuerpo inerte de su hijo, de mi amigo, de Eduardo. Ese recorte lleva fecha del mismo día en que me enteré del suceso y en el que fui a ver la película de la ahora malograda Whitney, a la que agradezco haber puesto banda sonora a uno de los momentos más tristes de mi vida.
Es inevitable recordar los bucles rubitos y la sonrisa ladeada de Edu cuando repito con Whitney: and I will always love youuuuu... ¡¡Gracias, inolvidable Whitney!!
6.2.12
Frustrada carrera de piloto de MIG
Aquella lejana tarde de septiembre, en La Habana, supe que por culpa de mis amalgamas nunca sería piloto de MIG. Esa temprana revelación de la imposibilidad de lograr una profesión que nunca me habría imaginado seguir, lejos de ser frustrante, me provocó una larguísima carcajada.
Habíamos empezado el día muy bien pues, después de tres penosas semanas en la Isla de la Juventud trabajando en el campo, al fin conoceríamos la capital de "La Isla", que era como llamábamos a esa suerte de edén para los revolucionarios de entonces. Aunque nuestro primer encuentro con la ciudad había estado lejos de ser satisfactorio ya que la habíamos encontrado desmejorada y sin la capa necesaria de maquillaje que su edad recomendaba. Después aprenderíamos a amarla sin denuedo, como se ama lo esencial, lo que tiene una hermosura sólida y transcendente. Pero sería mucho después, porque no era cuestión de amor a primera vista sino de un amor cocinado a fuego lento, con paciencia y salivita.
Después de estar patiperreando por la ciudad y de haber comido casi nada en los vacíos restaurantes, comprobando que lo que en otros países eran "medios", allí se convertían en "fines en sí"; por la tarde, recalamos en la Plaza de la Revolución para terminar el recorrido turístico antes de volver a nuestra residencia estudiantil de paso en Niña Bonita. En la inmensidad de esa plaza, vigilada desde su estatura por la efigie del Ché y por un Martí que parecía dispuesto a aplastarnos como a hormigas, conocimos a un trío de hermosos jóvenes cubanos, a los que fue imposible ignorar por jóvenes y por hermosos. Nosotras éramos dos bolivianas, mediterráneas, un tanto "ukurrunas"*, aunque con los ojos bien abiertos y con ganas de merendarnos el mundo, comenzando con la famosa plaza, los cubanos y Fidel si se ponía a tiro, por lo que no fue difícil que respondiéramos positivamente a sus intentos de acercamiento. Charlamos unos minutos sentados en la gradería hasta que uno de ellos nos invitó a cenar a su casa, que quedaba justo detrás del Palacio de la Revolución. Cuando llegamos allí, su madre, con un mal disimulado disgusto, nos dio de comer un arroz con frijoles y huevo frito. Luego, ellos nos invitaron a subir a la terraza con la promesa de que tendríamos un pantallazo de la espalda del Palacio. Y sí, era espectacular. Trajeron una grabadora y unas cervezas y allí mismitico nos pusimos a bailar las canciones de los Van Van hasta que se hizo de noche. Fue cuando nos contaron que eran pilotos de Mig. ¿De Mig? Pregunté, evidenciando mi profunda ignorancia. Sí, esos aviones soviéticos de guerra que son más rápidos que el sonido, me contestó el más guapo de todos. Y en ese momento supe que era necesario tener una dentadura perfecta y fue cuando concluí que yo nunca podría serlo, a no ser que me quitara uno a uno los dientes y muelas. Mientras seguía hablando, comprendí las razones por las cuales la madre casi nos muerde, nos sopapea y nos pone de patitas en la calle, puesto que tener un hijo en el ejército era un tema serio y, seguramente, nosotras para ella podríamos ser algo así como espías del imperio disfrazadas de "pobrecitas extranjeras", dispuestas a robarles los más recónditos secretos y hacerles perder la guerra contra el capital, Reagan o los marines. Desde aquí, gracias a esa madre por creer que éramos algo más que un simple par de estudiantes que sólo querían comer gratis.
A pesar de ella, fue una tarde tan agradable, tan inolvidable que cada que escucho "Súmate a mi actividad, muévete, muevete...", de los Van Van, es inevitable viajar a esa lejana tarde habanera en la que fui tan feliz. De más está decir que nunca volvimos a ver a los pilotos de Mig y tampoco que nunca vi un Mig. Solamente los escuché pasar por nuestras cabezas superando la barrera del sonido, cuando se hacían simulacros de invasión por parte de Estados Unidos. Fuera real o no esta amenaza, (ya saben, el miedo es una poderosa forma de control) que cavaran trincheras en los plenos jardines de la universidad y que se apagara por completo la ciudad para que pasaran estos pájaros alados, zumbando como los truenos de Ezequiel y haciendo explotar bombas de fogueo, le dio un sentido divertido a esos años universitarios, siempre consciente de que alguno de esos tres guapos muchachos cuidaba desde el aire. Daba para no pensar en otra cosa...
Sí, es que éramos, como diría Gabo, jóvenes, felices e indocumentados y la felicidad no era una letra de cambio. Sólo estaba.
Habíamos empezado el día muy bien pues, después de tres penosas semanas en la Isla de la Juventud trabajando en el campo, al fin conoceríamos la capital de "La Isla", que era como llamábamos a esa suerte de edén para los revolucionarios de entonces. Aunque nuestro primer encuentro con la ciudad había estado lejos de ser satisfactorio ya que la habíamos encontrado desmejorada y sin la capa necesaria de maquillaje que su edad recomendaba. Después aprenderíamos a amarla sin denuedo, como se ama lo esencial, lo que tiene una hermosura sólida y transcendente. Pero sería mucho después, porque no era cuestión de amor a primera vista sino de un amor cocinado a fuego lento, con paciencia y salivita.
Después de estar patiperreando por la ciudad y de haber comido casi nada en los vacíos restaurantes, comprobando que lo que en otros países eran "medios", allí se convertían en "fines en sí"; por la tarde, recalamos en la Plaza de la Revolución para terminar el recorrido turístico antes de volver a nuestra residencia estudiantil de paso en Niña Bonita. En la inmensidad de esa plaza, vigilada desde su estatura por la efigie del Ché y por un Martí que parecía dispuesto a aplastarnos como a hormigas, conocimos a un trío de hermosos jóvenes cubanos, a los que fue imposible ignorar por jóvenes y por hermosos. Nosotras éramos dos bolivianas, mediterráneas, un tanto "ukurrunas"*, aunque con los ojos bien abiertos y con ganas de merendarnos el mundo, comenzando con la famosa plaza, los cubanos y Fidel si se ponía a tiro, por lo que no fue difícil que respondiéramos positivamente a sus intentos de acercamiento. Charlamos unos minutos sentados en la gradería hasta que uno de ellos nos invitó a cenar a su casa, que quedaba justo detrás del Palacio de la Revolución. Cuando llegamos allí, su madre, con un mal disimulado disgusto, nos dio de comer un arroz con frijoles y huevo frito. Luego, ellos nos invitaron a subir a la terraza con la promesa de que tendríamos un pantallazo de la espalda del Palacio. Y sí, era espectacular. Trajeron una grabadora y unas cervezas y allí mismitico nos pusimos a bailar las canciones de los Van Van hasta que se hizo de noche. Fue cuando nos contaron que eran pilotos de Mig. ¿De Mig? Pregunté, evidenciando mi profunda ignorancia. Sí, esos aviones soviéticos de guerra que son más rápidos que el sonido, me contestó el más guapo de todos. Y en ese momento supe que era necesario tener una dentadura perfecta y fue cuando concluí que yo nunca podría serlo, a no ser que me quitara uno a uno los dientes y muelas. Mientras seguía hablando, comprendí las razones por las cuales la madre casi nos muerde, nos sopapea y nos pone de patitas en la calle, puesto que tener un hijo en el ejército era un tema serio y, seguramente, nosotras para ella podríamos ser algo así como espías del imperio disfrazadas de "pobrecitas extranjeras", dispuestas a robarles los más recónditos secretos y hacerles perder la guerra contra el capital, Reagan o los marines. Desde aquí, gracias a esa madre por creer que éramos algo más que un simple par de estudiantes que sólo querían comer gratis.
A pesar de ella, fue una tarde tan agradable, tan inolvidable que cada que escucho "Súmate a mi actividad, muévete, muevete...", de los Van Van, es inevitable viajar a esa lejana tarde habanera en la que fui tan feliz. De más está decir que nunca volvimos a ver a los pilotos de Mig y tampoco que nunca vi un Mig. Solamente los escuché pasar por nuestras cabezas superando la barrera del sonido, cuando se hacían simulacros de invasión por parte de Estados Unidos. Fuera real o no esta amenaza, (ya saben, el miedo es una poderosa forma de control) que cavaran trincheras en los plenos jardines de la universidad y que se apagara por completo la ciudad para que pasaran estos pájaros alados, zumbando como los truenos de Ezequiel y haciendo explotar bombas de fogueo, le dio un sentido divertido a esos años universitarios, siempre consciente de que alguno de esos tres guapos muchachos cuidaba desde el aire. Daba para no pensar en otra cosa...
Sí, es que éramos, como diría Gabo, jóvenes, felices e indocumentados y la felicidad no era una letra de cambio. Sólo estaba.
26.1.12
Ilda
Hoy, hace un año ya de tu partida y han ocurrido tantas cosas en tu ausencia.
Al comienzo, sólo buscaba pretextos para hablar de tí, hasta que mi entorno me lo hizo notar, estaba siendo un poco pesada. Entonces, te guardé en mi corazón y sólo recurría a tu recuerdo para darme cuenta cuánta falta me hacías. Pensaba, si Ilda estuviera aquí, seguro que me daba su opinión y me sacaba del agujero de confusión en el que estoy metida. Fue cuando me di cuenta que la soledad era eso, era tu ausencia.
Pero tu muerte ha significado muchas cosas. Sobre todo, una lección de dignidad, de fortaleza, de naturalidad. No me puedo olvidar de cuando íbamos en taxi al hospital y yo te pregunté qué opinabas y tú, haciendo a un lado el intenso dolor me dijiste, creo que éste es el último viaje. O cuando los médicos certificaron que definitivamente ya no había opciones y se quedaron azorados con la tranquilidad y sabiduría con que asumiste el diagnóstico, todos tenemos que morir, les dijiste. Y no, no hubo dramas, ni gritos, ni sentencias trágicas y esa ausencia de drama le ha quitado protagonismo a todas las muertes, incluida la mía. No ha sido más que la marcha de una dama elegante que parte sin mayores aspavientos, porque sabe que le ha llegado la hora.
Durante los 46 días que duró tu hospitalización, estuve apuntando religiosamente todas mis impresiones. Era demasiado intenso lo que vivíamos y merecía ser recordado al detalle. Las charlas que mantuvimos, las cosas que aclaramos, la llamada oportuna de tus hijas mayores que te dio el certificado para que cerraras ese círculo y pudieras irte en paz, los nueve maravillosos días de la llamada "mejoría de la muerte", que me engañó incluso a mí, haciéndome creer en milagros, y finalmente, esos últimos cinco días que terminaron en tu partida definitiva e inauguraron en mí una falta de eco, una palabra sin sentido, una cita sin destino.
Lo confieso, no puedo encontrar a nadie como tú. Y eso lo noto en cosas tan simples como que no encuentro con quién conversar sobre el último capítulo de Cuéntame en el que nuestro personaje amado Merche se nos muere. Eso me hace revivir los momentos contigo y es cuando lloro a gusto, por Merche y también por tí. O que no tengo con quién terciar acerca de los temas políticos en los que la mayoría de las veces estábamos de acuerdo, o que voy sola a las manifestaciones a las que iba contigo. O cuando no, cuando no coincidíamos -nos pasaba con Almodóvar-, teníamos siempre una puerta abierta por la cual una de nosotras podía salir sin que asomara la más mínima falta de respeto a la opinión de la otra.
Has dejado tanta huella, mi querida amiga, que aquí me ves escribiéndote a sabiendas de que estas palabras nunca te llegarán. Hilando estas frases sólo para conjurar tu ausencia, porque eres irremplazable y cada día no hago otra cosa que certificar la inmensidad de lo perdido.
El sol brilla hoy, tanto como el año pasado, cuando el camillero te llevó cubierta de un paño verde al depósito de cadáveres de donde te recogerían porque habías donado tu cuerpo a la ciencia. El sol pega tanto como cuando fuimos a buscar el coche y atravesamos el área de oncología, con la lágrima dormida y caminamos entre los coches como si la visita al hospital hubiera sido casual, sosteniendo el derrumbamiento que terminaría por acontecer en casa, en el cariñoso entorno de mis cuatro paredes, mientras cantaba el son de Xiomara Laugart, quise esconder mi alma, quise esconder mi alma pero se me ve, ahora ya no hay misterio, ahora ya el misterio se me ve... Y me quedé así, con el alma a flor de piel, sólo esperando que sea cierto eso de que nos encontramos una y otra vez con las personas del mismo círculo, en otras vidas, en otros entornos. Sólo esa perspectiva atempera tu ausencia y hace que este día sea menos largo...
Mi querida, mi muy querida Ilda.
PS: He hecho de este asunto de extrañarte un oficio, una profesión, una forma de vida...
Al comienzo, sólo buscaba pretextos para hablar de tí, hasta que mi entorno me lo hizo notar, estaba siendo un poco pesada. Entonces, te guardé en mi corazón y sólo recurría a tu recuerdo para darme cuenta cuánta falta me hacías. Pensaba, si Ilda estuviera aquí, seguro que me daba su opinión y me sacaba del agujero de confusión en el que estoy metida. Fue cuando me di cuenta que la soledad era eso, era tu ausencia.
Pero tu muerte ha significado muchas cosas. Sobre todo, una lección de dignidad, de fortaleza, de naturalidad. No me puedo olvidar de cuando íbamos en taxi al hospital y yo te pregunté qué opinabas y tú, haciendo a un lado el intenso dolor me dijiste, creo que éste es el último viaje. O cuando los médicos certificaron que definitivamente ya no había opciones y se quedaron azorados con la tranquilidad y sabiduría con que asumiste el diagnóstico, todos tenemos que morir, les dijiste. Y no, no hubo dramas, ni gritos, ni sentencias trágicas y esa ausencia de drama le ha quitado protagonismo a todas las muertes, incluida la mía. No ha sido más que la marcha de una dama elegante que parte sin mayores aspavientos, porque sabe que le ha llegado la hora.
Durante los 46 días que duró tu hospitalización, estuve apuntando religiosamente todas mis impresiones. Era demasiado intenso lo que vivíamos y merecía ser recordado al detalle. Las charlas que mantuvimos, las cosas que aclaramos, la llamada oportuna de tus hijas mayores que te dio el certificado para que cerraras ese círculo y pudieras irte en paz, los nueve maravillosos días de la llamada "mejoría de la muerte", que me engañó incluso a mí, haciéndome creer en milagros, y finalmente, esos últimos cinco días que terminaron en tu partida definitiva e inauguraron en mí una falta de eco, una palabra sin sentido, una cita sin destino.
Lo confieso, no puedo encontrar a nadie como tú. Y eso lo noto en cosas tan simples como que no encuentro con quién conversar sobre el último capítulo de Cuéntame en el que nuestro personaje amado Merche se nos muere. Eso me hace revivir los momentos contigo y es cuando lloro a gusto, por Merche y también por tí. O que no tengo con quién terciar acerca de los temas políticos en los que la mayoría de las veces estábamos de acuerdo, o que voy sola a las manifestaciones a las que iba contigo. O cuando no, cuando no coincidíamos -nos pasaba con Almodóvar-, teníamos siempre una puerta abierta por la cual una de nosotras podía salir sin que asomara la más mínima falta de respeto a la opinión de la otra.
Has dejado tanta huella, mi querida amiga, que aquí me ves escribiéndote a sabiendas de que estas palabras nunca te llegarán. Hilando estas frases sólo para conjurar tu ausencia, porque eres irremplazable y cada día no hago otra cosa que certificar la inmensidad de lo perdido.
El sol brilla hoy, tanto como el año pasado, cuando el camillero te llevó cubierta de un paño verde al depósito de cadáveres de donde te recogerían porque habías donado tu cuerpo a la ciencia. El sol pega tanto como cuando fuimos a buscar el coche y atravesamos el área de oncología, con la lágrima dormida y caminamos entre los coches como si la visita al hospital hubiera sido casual, sosteniendo el derrumbamiento que terminaría por acontecer en casa, en el cariñoso entorno de mis cuatro paredes, mientras cantaba el son de Xiomara Laugart, quise esconder mi alma, quise esconder mi alma pero se me ve, ahora ya no hay misterio, ahora ya el misterio se me ve... Y me quedé así, con el alma a flor de piel, sólo esperando que sea cierto eso de que nos encontramos una y otra vez con las personas del mismo círculo, en otras vidas, en otros entornos. Sólo esa perspectiva atempera tu ausencia y hace que este día sea menos largo...
Mi querida, mi muy querida Ilda.
PS: He hecho de este asunto de extrañarte un oficio, una profesión, una forma de vida...
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Ilda Fava
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